tenía rato que no perdía un amigo...
primero lloré, como niña, sollozos silenciosos, lágrimas y mocos en la manga del suéter...
lloré confundida y sin hombro... hasta que me convertí en cocodrilo...
y entonces enojada cerré la mandíbula, tragando a la mariposa que descansaba en
mi afilado hocico... con una amplia sonrisa, satisfecha por haber canalizado malamente mis
sentimientos...
me sumergí complacida en el pantano...