Llevo varios días pensándolo así, solo, sentado en una mecedora, tal vez en su querida Aracataca, observando a lo lejos, mientras le recorre un escalofrío, alejarse a aquellos dos hombres muy viejos con alas enormes, ahora llevan un rostro muy conocido, familiar; lograron quitarse el lodo de las largas plumas blancas; lograron sobreponerse a la curiosidad incansable del público general y levantaron vuelo. Hasta pronto Gabito.
Observa el horizonte; observa como las figuras desaparecen en él; observa el puñado de tierra que brilla en la escudilla. Y observa sus propias alas, casi listas para alzar el vuelo.
“El barro al barro, el polvo al polvo, la tierra a la tierra, nada empieza que no tenga fin, todo lo que empieza nace de lo que se acabó.” - J. Saramágo (El evangelio según Jesucristo)
